Mundial 2026: Oportunidad de unión en medio del caos

Este 11 de junio comienza el Mundial de la FIFA (Federación Internacional de Asociaciones de Fútbol, por sus siglas en inglés) que, por primera vez, se desarrollará en tres países vecinos: Canadá, México y Estados Unidos. Fuera de la cancha, la tensión es protagonista.

Durante los últimos meses, específicamente desde que comenzó el segundo mandato del presidente estadounidense Donald Trump (20 de enero de 2025), las tres naciones han protagonizado una tensa relación con su gobierno, que ha impuesto -o amenazado con hacerlo- aranceles, lanzado acusaciones, o alguna otra acción con las que el
mandatario acostumbra para alterar el ambiente económico, político y diplomático. Han pasado tres meses desde que el régimen de Trump comenzó, junto a Israel, la guerra en Irán. Otro conflicto bélico vigente en el mundo muestra lo que atraviesa nuestro planeta, en el que parecería que la confrontación y la polarización avanzan sin frenos.


Basta navegar en cualquier red social para encontrar noticias de disputas, peleas, acusaciones y posiciones extremas, que nos llevan a preguntarnos si nos estamos quedando solos en esta lucha por mantener la unidad en nuestra sociedad, tan urgida de amor y solidaridad.


En este escenario, la Copa del Mundo se presenta siempre como una oportunidad de enlazar a los pueblos, de intercambiar culturas y de conectar con quienes creemos -o nos hacen creer- que son distintos a nosotros, pero que en el fondo se asemejan mucho en la búsqueda de la paz y el estado de bienestar.

Serán 104 partidos y 48 selecciones que nos mantendrán conectados a las pantallas, conversando en los trabajos, uniendo a los amigos y paralizando a las ciudades, entre el
11 de junio y 19 de julio, cuando se disputará la final en el MetLife Stadium, inaugurado en 2010, en Nueva York (Estados Unidos).

Hace una década, Chile derrotó a Argentina en ese escenario, en la final de la Copa América Centenario. En 2025, el estadio con capacidad para 82.500 personas, albergó la disputa del Mundial de Clubes, que ganó el inglés Chelsea. El Mundial no es una fiesta aislada.

Conflictos como el de Irán se trasladan al máximo evento deportivo del fútbol masculino. Esto se refleja en el cambio de sede que tendrá la selección de ese país para sus entrenamientos: pasó de Tucson (Arizona, Estados Unidos) a Tijuana (México), según confirmó la FIFA, el 25 de mayo.


Fue la respuesta a los temores por la seguridad del equipo, que dirige el exfutbolista iraní Amir Ghalenoei, en medio de la guerra. Incluso, el propio Trump dijo que su país no
garantiza la seguridad del equipo, lo que aumentó la preocupación. Pese a esto, se prevé que el equipo viaje a Estados Unidos para cumplir con sus partidos.


Será la tercera vez que México albergue un Mundial. Ya lo hizo en 1970, cuando Brasil se convirtió en campeón durante la primera edición realizada fuera de Europa; y en 1986, cuando Diego Armando Maradona protagonizó el Gol del Siglo, en un partido ganado 2-1 por Argentina a Inglaterra, en plena crisis por la Guerra de las Malvinas.

Como entonces, la Copa del Mundo no es ajena a los conflictos planetarios en nuestros tiempos. ¿Cómo lograr que un torneo reconecte los lazos no sólo entre gobiernos y países sino entre familiares y amigos, muchas veces distanciados por el odio o las diferencias ideológicas?


En la cancha de la vida, no todos jugamos en condiciones iguales. Hay diferencias económicas y sociales que parecerían separarnos. La clave está en afrontar el partido comoun equipo, ayudando al que lo necesita, pensando en quien no está en su mejor momento. Al final, estaremos todos peleando por un mismo objetivo: ganar y celebrar el logro colectivo.

El papa León XIV, quien ya cumplió su primer año en el pontificado, ha hecho continuos llamados para que el deporte sea el canal que propicie la unidad y el encuentro. Lo hizo, el pasado 6 de febrero, en su carta “La vida en abundancia”.

Ahí, el pontífice resaltó al deporte como “una actividad común, abierta a todos y saludable para el cuerpo y para el espíritu, hasta el grado de constituir una expresión universal
de lo humano”.


El deporte ayuda a promover la paz, recordó León XIV, sumándose a los mensajes de sus predecesores. “La guerra, por el contrario, nace de la radicalización del desacuerdo y del rechazo de cooperar los unos con los otros”.

“El adversario es entonces considerado como un enemigo mortal, a quien hay que aislar y, si es posible, eliminar. Las trágicas evidencias de esta cultura de muerte están ante nuestros ojos —vidas truncadas, sueños destrozados, traumas de los supervivientes, ciudades destruidas—
como si la convivencia humana se redujera superficialmente al escenario de un videojuego”, lamentó el papa.


“Todavía hoy, el deporte sigue desempeñando un rol significativo en la mayor parte de las culturas. Ofrece un espacio privilegiado de relación y de diálogo con nuestros hermanos y hermanas pertenecientes a otras tradiciones religiosas, así como con quienes no se reconocen en ninguna de ellas”, se destaca en la carta papal.

Un aspecto importante que León XIV mencionó en su mensaje fue la “corrupción” que hay en la industria deportiva. “Los problemas aparecen cuando el negocio se convierte en la motivación principal o exclusiva; entonces las decisiones ya no están movidas por la dignidad de las personas, ni por aquello que favorece al bien del atleta y a su desarrollo integral o al de la comunidad”, dijo el papa.


La FIFA ha sido cuestionada por los elevados precios de las entradas e irregularidades en el sistema de venta y distribución de los boletos, lo que mancha o al menos pone los cuestionamientos sobre la organización.


“Cuando se busca maximizar las ganancias, se sobrevalora lo que puede ser medido o cuantificado, en detrimento de dimensiones humanas de importancia incalculable: ‘sólo
cuenta lo que puede ser contado’. Esta mentalidad invade el deporte cuando la atención se concentra obsesivamente en los resultados alcanzados y en las sumas de dinero que
se pueden obtener de la victoria”, advirtió León XIV.


Se vive así una muestra de lo que ocurre en nuestra sociedad, que busca muchas veces acaparar riquezas o un éxito basado en las apariencias, lo que también nos aísla como
individuos y fragmenta nuestras comunidades. “En este sentido, el deporte también ofrece una lección decisiva más allá del campo de juego; enseña que se puede aspirar al máximo sin negar la propia fragilidad, que se puede vencer sin humillar, que se puede perder sin quedar
derrotados como personas”, añade el papa.


El economista alemán Joachim Klement, quien se ha vuelto reconocido por su método para pronosticar a los campeones mundiales, acertando desde la edición de 2014, señaló a la BBC que esta afición de anticipar ganadores se asemeja a lo que buscan millones de aficionados: desconectarse, aunque sea por un momento de los problemas y vicisitudes, para celebrar y unirse, incluso con extraños.


“Especialmente en 2026, con tantas crisis, guerras y cosas ocurriendo, es algo que me hace sentir bien y, espero, también haga sentir bien a los lectores y les dé una pequeña distracción de todo lo negativo que sucede en el mundo», mencionó Klement.


Como él, hinchas o simpatizantes de nuestras selecciones, aspiramos a que el Mundial nos acerque, aunque sea un poco más al hermano, para que la rivalidad se quede en la cancha y la fraternidad trascienda las puertas de los estadios.


Por Juan Pablo Pérez- Ecuador


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