Uno de los principales contribuyentes de la crisis que está viviendo Bolivia, son los procesos de incomunicación y de desinformación, que configuran un sistema de comunicación para la crisis, que es tan letal como los bloqueos de caminos o la represión con violencia. La comunicación de crisis camina a contracorriente, siguiendo el camino del diálogo y la reconciliación para construir sentidos de sociedad con ejercicio de derechos y en democracia.
Desde la perspectiva de la comunicación política, las crisis se producen cuando un campo político se desborda por las disfunciones, amenazas, desequilibrios, desajustes, riesgos, peligros, polarizaciones extremas o descomposiciones que
ocurren en su conformación, ganadas por procedimientos anómicos en las disputas materiales y simbólicas entre actores políticos por recursos y por poder, generando
situaciones de conflicto y confrontación que amenazan la estabilidad de un Estado, de la democracia y del orden constitucional.
Toda crisis política, dice René Zabaleta Mercado, en sus momentos de intensidad tiene la capacidad de mostrar las fuerzas reales de las diversidades o polos en conflicto, por lo que además de un espacio de descomposición, es un momento de aparición de los distintos factores, coyunturales y estructurales, que las definen y condicionan formas de conocimiento de esas crisis. Desde esta perspectiva, las
crisis políticas se deben afrontar en su naturaleza multidimensional, ya que sus partes en conflicto se articulan contagiando las otras con las que se interrelacionan, y porque esa diversidad se explica en su integralidad y en sus causas estructurales.
(…) Se trata, además, de la manera de interpretar y exponer los hechos y los sentipensamientos de los distintos actores sociales y políticos, asumiendo una perspectiva y un conocimiento crítico que es producido por esa realidad, para generar producciones discursivas y prácticas sociales que construyen sentidos, ya sea para alimentar la crisis (comunicación para la crisis) o para enfrentarla y superarla (comunicación de crisis), dependiendo de la posición que asuma en las disputas simbólicas por el poder que polarizan a los actores sociales y políticos. No existe comunicación neutra, toda comunicación es política.
Los horizontes en disputa
Una estrategia de comunicación en situación de crisis establece tres escenarios diferenciados a la vez que encadenados:
1) Las crisis pueden ser iniciales, más latentes que manifiestas y en este nivel son pasibles de trabajar con acciones de previsión, que podrían detener su desencadenamiento.
2) Cuando las crisis se evidencian en hechos, la estrategia tiene que trabajar elementos de prevención para aminorar los impactos negativos y desajustes que provoca.
3) Si la crisis escala a un nivel de descomposición y horizonte incierto, la
estrategia tiene que trabajar recursos de solución del conflicto.
En Bolivia estamos viviendo el tercer nivel, expresado ya en estado extremo configurando una situación de caos sistémico.
La definición del horizonte tiene estas alternativas: En una primera dimensión están l) El corte del conflicto con la declaración de estado de excepción y uso de la fuerza militar y policial. 2) Resolución por enfrentamientos entre ciudadanos. 3) Renuncia del presidente. 4) Diálogo con pacificación. Las tres primeras sostienen una situación de conflicto manifiesto o latente. Y la cuarta requiere una estrategia de comunicación de crisis, o sea de solución pacífica. (…)
La dinámica de este contexto, o momento histórico, determina las condiciones de reproducción de las sociedades, las condiciones de relacionamiento político y, también, las condiciones de comunicación. Los hechos están cargados de historicidad.
(…) Siguiendo el pensamiento zabaletiano, Bolivia es una formación social abigarrada en la que se superponen tiempos históricos sin combinarse sustancialmente, pero ocurriendo al mismo tiempo en un mismo país que funciona
como si fuera varios países. En esta circunstancia, junto con los factores coyunturales que se reflejan en el nivel de las reivindicaciones de derechos sectoriales y la necesidad de medidas humanitarias para aliviar las profundas afectaciones provocadas por la crisis, resurgen problemas estructurales irresueltos que se arrastran históricamente como son la pobreza estructural, la discriminación, el racismo, el regionalismo y el clasismo.
Por Adalid Contreras Baspineiro Sociólogo
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