Crecí escuchando que los jóvenes son (somos, hoy amaneció generosa) el futuro, que el mundo estaba lleno de oportunidades y que si quería me podía comer el mundo. Que el mundo era un libro abierto y que si le echo ganas todo lo podía
conseguir, pero ¿qué pasa cuando ese futuro está desaparecido?
América Latina enfrenta una crisis de reclutamiento forzado, principalmente en las infancias y los jóvenes.
El reclutamiento forzado es la captación de individuos por el crimen organizado, personas que son obligadas por estos grupos (guerrillas, narcotráfico, etc) a trabajar con y para ellos (trabajos en laboratorios, asesinatos, prostitución y creación de
material de abuso sexual infantil). No hay eufemismos suaves para una realidad tan cruda.
En Colombia se habla de un aumento del 300% en niñas y niños de 10 a 14 años que son captados. En Ecuador hubo un aumento del 627% en asesinatos perpetrados por menores de edad. México ni siquiera tiene datos oficiales, tenemos 133,000 desaparecidos y se calcula que en los últimos diez años se han reclutado de manera
forzada a 460,000 jóvenes.
Estos reclutamientos se dan a la luz de la necesidad: ofertas de trabajo demasiado buenas para ser verdad. Ofertas de trabajo en redes sociales, grupos de mensajería, volantes pegados en la calle. “Amigos” en videojuegos que prometen dinero, éxito y un lugar para pertenecer a los niños y jóvenes. “Levantones” en las calles de chicas que caminan por la calle.
La lista puede seguir y es tan atroz como las cifras actuales: en México desaparecen 90 personas por día. Las razones económicas se podrían recitar en cualquier noticiero, las razones sociales son las que nos involucran a todos.
¿Es solo culpa de los Estados y gobiernos?
Desde hace varias décadas nos enfrentamos a una crisis social, que apunta a que los jóvenes estamos buscando a donde pertenecer, que hace años estaba “el tercer lugar”, un espacio que no era casa y el trabajo o la escuela donde las personas pertenecían. ¿Qué espacios estamos abriendo libremente? Sin esperar nada.
Hablamos de jóvenes que buscaron un trabajo ante la necesidad. El joven que será padre, la joven que quiere ayudar porque en casa no alcanza para las tres comidas del día, la madre soltera que necesita dos o tres trabajos, el padre que necesita el sustento para la familia. ¿Cuándo fue la última vez que di gratuitamente lo que
gratuitamente recibí?
Mientras todo eso pasa, la idea de éxito se ha ido radicalizando. O eres millonario o nada, o tienes mil parejas o nada, o eres un macho o nada, o eres bonita muy bonita o nada, y así sucesivamente.
Yo lo entiendo, todos tenemos una vida y a todos nos comen los problemas, las deudas y el estrés. A veces parece que el hoyo negro nos tragó y el prójimo vive a dos galaxias de distancia, inalcanzable.
Tenemos una deuda con esos jóvenes y con sus familias. Es que quedamos que, para ser Santos, llegamos todos, ¿no? Es difícil llegar todos a la Santidad cuando nos faltan y nos siguen faltando tantos. Cuando el silencio pesa más que la doctrina y la decisión de una religión se hace vida solo en lo cómodo y en lo conveniente.
La madre que busca a su hijo no me debería de ser ajena. El padre que llora por sustento no debería parecer débil.
La Doctrina Social de la Iglesia, nos invita a los laicos a ser los primeros en encarnar el Evangelio y la propuesta de la Iglesia de encarnar la gratuidad y la reciprocidad que Dios muestra por sus hijos.
Ante el reclutamiento forzado, ¿qué podemos hacer? Hace poco leía una noticia que me desgarraba el corazón, los Epstein Files. Durante noches enteras me sentía sin esperanza hasta que escuche: No podemos darnos el lujo de perder la esperanza.
¿Se vale rezar? Se NECESITA rezar; así como también se necesita que estemos todos alerta.
¿Cómo se llama mi vecino joven? ¿Está estudiando o trabajando? ¿En su casa tienen para comer? Los jóvenes que serán padres, ¿qué necesitan? No podemos juzgar sus decisiones, pero sí apoyar sus acciones ¿tienen para la cuenta del
hospital?
Los niños que juegan videojuegos ¿con quién están jugando? ¿Esos amigos serán niños o suena medio raro que un niño se exprese así?
¿Las redes sociales que tienen que ver en esto?
Tantas preguntas y uno aquí, soltándolas al aire. El futuro que yo sueño, sé que ya pasó (Hechos 2:44-45). El futuro donde la vulnerabilidad del otro (su edad, su necesidad económica, su necesidad de pertenecer, la idea que le dieron de éxito) no sea el lugar para atacar si no la luz que nos ilumina para saber qué camino seguir, para encarnar todos el Evangelio que, a pesar de tener 2026 años de ser propuesto, seguimos aprendiendo juntos a encarnarlo.
Por Nikte Murguia- México

