Animada por el carisma de la unidad que nos invita a hacer de la fraternidad una realidad concreta y cotidiana y a llevar el amor donde más se necesita, sentí la necesidad de ir, con los estudiantes de 2do año de bachillerato, más allá del aula. Quería que los valores no se quedaran en palabras, sino que cobraran vida en una obra de entrega antes de finalizar el año escolar.
Fue así como nació la iniciativa de visitar la Casa Hogar Padre Luciano. El 17 de junio de 2026. Con el valioso apoyo de dos representantes, el grupo se organizó con un entusiasmo contagioso: elaboraron cotillones y ponquecitos, y recolectaron por iniciativa propia juguetes, ropa y alimentos no perecederos.
Durante esa mañana, la Casa Hogar se llenó de alegría compartida. Los estudiantes pintaron caritas, organizaron juegos y, sobre todo, regalaron su presencia y su tiempo. No solo llevaron ayuda material, sino que experimentaron en carne propia, dar de sí para construir la cultura del amor. Los jóvenes terminaron la jornada profundamente feliz, transformados por la experiencia y con el firme deseo de regresar.
Hoy, esta vivencia cobra un significado aún más profundo e imborrable. Con inmenso dolor en el corazón, recordamos a una de las queridas estudiantes que nos acompañó ese día y que, trágicamente, perdió la vida junto a sus dos hermanitos y a su mamá durante el terremoto del 24 de junio.
Guardamos con gratitud el recuerdo de su sonrisa y su entrega en esa hermosa mañana que compartimos juntos. Su participación en este acto de amor puro nos deja un legado luminoso: la certeza de que el amor brindado permanece para siempre y de que la fraternidad que construimos es la huella más bonita que podemos dejar en el mundo.
Por Yusmary Delgado- Venezuela

