Inicié el día un poco «hiperactivo», tantas cosas buenas y también frustrantes para hacer durante el día. La mente estaba funcionando demasiado rápido, poco concentrada.
Como es mi costumbre salgo a caminar por una media hora con Sparkle (Chispita) nuestra perrita. Mientras camino siguen los pensamientos acelerados, pero también me recuerdo de la Palabra de Vida del mes: «Anuncien el Reino, gratis han recibido…gratis den»
Mientras camino veo una familia de vecinos que sale de la casa. El papá va de prisa hacia el trabajo y la mamá con dos niñitos que corretean de un lado para otro. Observo el rostro de la mamá y veo que está un poco preocupada, como yo.
Me recuerdo de la Palabra: «gratis den…». Me paro y le digo «con el corazón», espontáneamente, en francés (la mujer es belga): » Buen día Sara… ¿sabes qué? Tú estás haciendo el trabajo más importante de todos: criar bien a los niños. Sara se para, me mira con sorpresa y con un destello de agradecimiento, me dice: «gracias, Miguel. Me has animado, es verdad lo que dices.» Nos invade a ambos la sensación de «cercanía», de caminar juntos en la vida.
Llego, en la esquina, encuentro otra vecina, María (ella tiene Alzheimer avanzado), caminando lentamente con una acompañante. Ahí también pienso y me digo: «gratis den…». ¿Qué le puedo dar si su mente está quién sabe dónde? La respuesta es fácil. Simplemente escuchar con afecto y extender la mano para tocarla de vez en cuando y así transmitirle cariño. Las dos mujeres se van contentas y yo también; siento que mi mente, mi espíritu están enfocándose en el presente, por consiguiente, calmándose.
Este encuentro con María, me hizo venir a la mente un momento, hace tantos años atrás cuando fui a visitar un centro de espiritualidad del Movimiento de los Focolares. Hacía años que no pasaba por allí. Sabía que allí estaba Vittorio Sabbione, uno de los primeros compañeros de Chiara Lubich, hombre casado en su juventud, pero la esposa murió en el parto del primer hijo, abogado de prestigio en la ciudad de Turín, Italia, que dejó todo para seguir a Dios, apóstol- fundador del Movimiento de los Focolares en tantos países de América Latina. Me habían informado que estaba en estadio avanzado de Alzheimer. Era sacerdote también. Lo encontré sentado en la primera fila de la capilla. Otros sacerdotes estaban preparando para la misa. Lo saludé como viejo amigo, algo brilló en sus ojos. Después le presenté a mi esposa Raya. Vittorio la miró fijamente e, improvisamente, levantó el dedo índice, como queriendo decir «uno-unidad, vivamos para eso». El crear relaciones de solidaridad, de unidad había sido su esfuerzo y su «pan cotidiano» por casi toda su vida. Me impresionó fuertemente porque vi que, en Vittorio, desde su profundidad, más allá de que la mente no funcionara, salía ese gesto tan significativo, «uno- unidad» como mensaje para nosotros. Vittorio también, a «su modo», había vivido en ese momento el «anuncien el Reino… y gratis den…»
Por Miguel Novak- México


Bellisimas experiencias en lo cotidiano pero llevado a lo sobrenatural . Me gustaron mucho .