Amar es un acto de libertad

Soy Ashly Rackel Camey. Conocí el Movimiento de los Focolares en un evento ecuménico hace ya más de un año. Estaba pasando por situaciones complicadas en mi vida, pues la relación con mi familia se había roto por motivos religiosos.

Conocer el Movimiento y saber que a esas personas no les importaba en lo que yo creyera me hizo plantearme nuevamente mi fe. Ver cómo se ayudaban entre ellos y a los demás, mostrando el amor de Jesús, me hizo cambiar totalmente la perspectiva que tenía sobre Dios y me ayudó a superar los obstáculos de mi vida en ese momento. Me sentí como en una familia, no era mi familia sanguínea, sin embargo, sentí el cariño y la comprensión. Me enseñaron que «Dios me ama inmensamente».

Experimenté esa amistad en casa de una familia del Movimiento, como una manifestación de ese amor. La vida de toda la comunidad del Focolar la descubría como algo genuino y que nace libremente: el amor que se da, la capacidad de perdonar, aprender y escuchar… y entendí el valor de
ser fuerte y amar a Dios y al prójimo, siguiendo las enseñanzas de Jesús y la forma en la que Chiara
Lubich nos invita a vivir el presente y nos ayuda a poner en práctica el Evangelio.

Algo clave en la lucha de mejorar mi vida fue conocer la música más a fondo: cantar, fue también como dejar todo lo que me hacía pensar de forma negativa. Hasta entonces no me había dado cuenta de cuánto me estaba perdiendo, pero el Movimiento me enseñó que el amor se demuestra en actos sencillos, significativos.

Con los jóvenes del Movimiento, compartimos nuestras experiencias y creamos fuerte lazos de amistad. Realizamos muchas actividades para ayudar a los demás y esto me ha llenado el corazón:

fuimos a un orfanato y compartimos nuestro tiempo con los niños. Aprendimos mucho de ellos.
Recientemente fuimos a construir pisos en San Miguel Petapa y fue una experiencia muy bonita.

Pudimos unirnos a ayudar a quienes necesitaban apoyo. También fuimos a un asilo, en Antigua Guatemala, a dejar víveres y hacer actividades para las personas mayores, etc.

Trabajo en una entidad bancaria, y allí trato de vivir esta misma realidad. Recientemente viví una
experiencia que me dejó muy marcada. Cuando empecé a trabajar, tenía un jefe muy autoritario.
Demostrar amor cuando alguien no desea escucharte es complicado, él, constantemente me
presionaba y algunas veces me gritó de forma agresiva, porque deseaba que todo fuera de manera
rápida, no escuchaba razones. Yo nunca le levanté la voz. Tuve paciencia ante su indiferencia. Pensar
que Jesús mantuvo la calma en momentos complicados, me ayudó a sobrellevar esta situación.

Una vez, por atender a un cliente se me pasó la hora del almuerzo. Creí que lo justo era almorzar
después, pero a mi jefe no le gustó y me maltrató. Ese día no comí, pero también mantuve la calma,
aunque estuve a punto de renunciar por el estrés y la presión. Pero Dios vino a mi encuentro: más
tarde pude cambiar de puesto. Al final de todo esto puedo decir que Dios es realmente Amor, que le da a uno la fuerza suficiente para afrontar las dificultades de cualquier índole y vivir en armonía con los hermanos.

En el año 2025 decidí iniciar mi proceso de catequesis para prepararme al bautizo, confirmación y
primera comunión, como respuesta al amor de Dios que había encontrado. El testimonio concreto
de muchas personas me ayudó a tomar esta decisión.

Fue así como, por primera vez, hice la experiencia de hablar con un sacerdote quien me ayudó
a ver y a comprender el trabajo de la iglesia, especialmente de la parroquia donde finalicé mi proceso
de preparación para el sacramento. El 4 de abril (en la Vigilia Pascual), acompañada por la comunidad
del Movimiento de los Focolares, di este gran paso.

Debo decir que mi familia es protestante y, aunque no estuvieran de acuerdo con mi elección de vida,
yo entendí que quería servir a Dios en otra iglesia. Mi madre lo sabe y lo ha aceptado. Dios me ha
dado una familia espiritual, amigos y una comunidad que me enseña cada día a ser unida, dejar el
individualismo y amar al prójimo, crear lazos genuinos y cuidados a otras personas con un amor
desinteresado.

Algo que cambió mucho mi alma fue el saber que había jóvenes que se esfuerzan aún por querer dejar su granito de arena en el mundo. Hace poco conocí a un joven evangélico, me trató muy bien aun sabiendo que yo soy católica. Él trabaja en una ONG. Entrar en relación con él, me da la esperanza de que podemos trabajar juntos por el amor que le tenemos a Jesús y sus enseñanzas.


Me emociona saber que las nuevas generaciones están cambiando el mundo, que tenemos menos
prejuicios- que son los que nos dividen-, que desde el amor a Jesús podemos conectarnos y poner al
servicio nuestros talentos para llegar a más personas, que la esperanza puede ser como la levadura
que crece en la comunidad.

Ahora entiendo las palabras de Jesús cuando invita a tener fe como una semilla de mostaza. Para mí la fe de Chiara Lubich, como la de muchos jóvenes que empezaron con ella a vivir las enseñanzas de
Jesús hace posible que se mueva, a lo largo del tiempo, esa montaña de la indiferencia.


Porque el amor trasciende las barreras del tiempo, el amor de Jesús trasciende las barreras sociales y
religiosas. Amar en un mundo cegado por ideas individuales es un acto revolucionario. Amar es,
sin duda, un acto de libertad.

Por Ashly Rackel Camey Rodas- Guatemala