La tierra tiembla. Todavía para muchos son solo factores misteriosos, para otros, aún conscientes de que siempre la vida es misterio infinito, reconocen en esto los efectos del cambio climático, resultado de una humanidad que se cree propietaria del planeta, y lo trata según lógicas crueles. Sin embrago, no podemos engañarnos. Somos, como nos lo
evidencia la Sagrada Escritura y también el Magisterio de la Iglesia en Laudato si, somos UNO con Dios y, en Dios, con todos, y con toda la creación. Todo maltrato tiene repercusiones inmensas, así como cada acto de servicio, de amor, de generosidad, de generatividad de relacionalidad, también es capaz de regenerar el tejido social y ambiental.
El mes pasado fuimos testigos del gemir de la tierra, a través de temblores, sismos o terremotos que hoy sinónimos. Hemos visto el agua catapultar casas, barrios y poblaciones enteras en Nepal. Nos horrorizan las imágenes. A más de uno los lleva a preguntarse, ¿dónde está Dios que permite todo esto? A otros, a aferrarse a la oración y a una vida de mayor coherencia. Los medios nos traen la belleza de la naturaleza, la felicidad de tantas realidades y las tremendas catástrofes. Algunas, sin duda, provocadas por el cambio climático y la falta total de políticas públicas capaces de prever aquello que, inclusive, está anunciado por los servicios detectores de estas variantes climatológicas-geológicas.
El conocimiento desde nuestra cotidianidad de lo imprevisto y furtivo nos aterra muchas veces. Los especialistas en espiritualidad, antropología, psicología social y otras disciplinas que profundizan la esencia de la persona y de las comunidades ,conciben este tiempo como signado por la incertidumbre, y así lo vamos transitando. Y nosotros, ¿qué podemos aprender de la convivencia con la incertidumbre? El antropólogo Eugenio Carutti afirma que la incertidumbre es un estado de percepción superior. Y así es, la incertidumbre nos desacomoda, nos moviliza, nos dinamiza, y también nos puede paralizar. Asumirla es un proceso. Se trata de reconocerla, de darle un nombre, por ejemplo: incertidumbre laboral, incertidumbre por tal conflicto, incertidumbre por una enfermedad, incertidumbres políticas, ambientales… Es necesario mirarla a la cara, no desafiándola, pero sí reconociéndola, extendiéndole nuestros brazos para poder asumirla y transitar la vida con ella, sabiendo que tampoco la incertidumbre de cada temática es para siempre. Las realidades se van sucediendo y resolviendo, las incertidumbres van cambiando de rostros y situaciones, de colores y formas, nada es estático en la vida. Todo es dinamismo, novedad, creatividad. Es parte de las páginas de la vida.
Creemos firmemente que no podemos sobrevolar la incertidumbre, debemos darnos el espacio interior para reconocerla y valorar el acto de subirnos a su cresta, como con las olas y no perecer sofocados, paralizados. En nosotros, la fuerza está en las decisiones personales y en la vida comunitaria, en las relaciones sanas; en relacionalidad con todos, sin resistencias de unos hacia otros.
Podemos creer y forjar un nuevo orden mundial donde la fraternidad convoque y se desarrolle, donde la caída de tantas banalidades económicas de consumo y finanzas se reubiquen; donde la paz no sea un deseo etéreo sino un estilo de vida sencillo, comprometido con los demás, sin el gran negocio de las armas; donde la distribución de los
bienes sea serena porque valemos por lo que somos; donde la política piense siempre y solo en cómo servir al bien común.
Convencidos de que es posible, naveguemos juntos en el mar complejo con la “tabla de salvación” de afrontar con decisión las incertidumbres y avanzar solidarios con todos, en la felicidad de una percepción superior que nos orienta a ser más sabios en la cotidianidad.
Por Susana Nuin

Muchas gracias hay que asumir todas las incertidumbres y mirarlas siempre con ojos nuevos para que no nos paralice y nos ayude a asumirlas de la mejor manera