Ofrecemos testimonios de cómo, desde la comunidad de los Focolares, se ha respondido a este compromiso.
Ha pasado un mes desde el terremoto. Para mí se marcó un antes y un después. He vivido desde mi hogar en primer lugar, el profundo amor con mi esposo y mi hija de cuidarnos, protegernos. Recoger y limpiar nos ha llevado varios días.
Responder a la voluntad de Dios en el momento presente, me llevó a hacer una experiencia de ayudar cientos de veces canalizando contactos. Desde el día 1 luego del terremoto he tratado de acompañar en contención emocional y logoterapia a nuestros estudiantes en la universidad y los amigos, y quien me necesitara. Ha sido a la vez una fuerte experiencia en donde yo también me he sentido frágil y también para mí cuento con apoyo psicológico cuando lo he requerido. Entendí el valor de cada gesto de amor dado.
Juntos vamos dando forma a esta » normalidad transformada». Hoy sueño con esperanza en un gran país, aunque mantengo en mi alma el dolor de muchos corazones. Y es esa fuerza, manifestada a través de tantos gestos de amor, me está ayudando a entender “cómo seguir».
Por María Carolina Sariego de Alayón- Venezuela

