De una caja de cartón a 35 toneladas de ayuda


Querida comunidad:
Hoy les escribimos con el corazón desbordado de gratitud para compartir una experiencia que, una vez más, nos confirma que la fraternidad universal no es un ideal lejano, sino una vida que se construye con actos concretos de amor.

Esa misma chispa que Chiara Lubich dejó sembrada en el Movimiento de los Focolares volvió a encenderse entre nosotros cuando, frente al dolor de nuestros hermanos, sentimos que no podíamos quedarnos indiferentes. Así nació una experiencia que comenzó en el Chocó y que, sin que lo imagináramos, nos llevaría también a tender puentes de solidaridad hacia el Quindío.

A raíz de una sola publicación en redes sociales, sin pensarlo dos veces, nos lanzamos. Las primeras donaciones comenzaron a llegar literalmente en una pequeña caja de cartón. Y lo que vino después fue una verdadera avalancha de amor: la comunidad entera se volcó a apoyar y nos unimos hombro a hombro con la Fundación Manitos por Colombia para llevar una respuesta concreta a quienes estaban atravesando momentos tan difíciles.

Movilizamos cada contacto, tocamos cada puerta y fuimos testigos de una generosidad que nos conmovió profundamente. Personas que entregaban lo que tenían, familias que compartíande corazón, jóvenes que dedicaron horas a recoger, clasificar y empacar. Fue experimentar en carne propia la verdadera Providencia: comprobar que cuando uno se entrega por completo al hermano, Dios multiplica los panes y los peces, porque Él jamás se deja ganar en generosidad.

En cuestión de menos de 20 horas aquella humilde caja de cartón y la idea de llenar un platón se transformaron en 35 toneladas de ayudas, transportadas en una gran tractomula rumbo al Chocó. Lo que parecía pequeño se convirtió en algo que jamás hubiéramos podido imaginar.

Y cuando pensábamos que esa experiencia había terminado, llegó un nuevo llamado. Esta vez, nuestros hermanos del Quindío necesitaban ayuda. Y la experiencia del Chocó nos había enseñado algo fundamental: cuando existe un corazón dispuesto a servir, siempre hay una manera de responder.

Nuevamente nos pusimos en movimiento. No partimos de cero; partimos de lo aprendido, de los vínculos construidos y, sobre todo, de la certeza de que la fraternidad se multiplica cuando se comparte.

Esta vez logramos reunir y enviar aproximadamente una tonelada de ayudas, entre mercados, kits de aseo, ropa, pañales, alimentos para mascotas, agua, jugos y otros elementos esenciales. Las ayudas fueron organizadas y enviadas para acompañar a las comunidades afectadas, especialmente aquellas donde está presente el Movimiento de los Focolares.

El camino recorrido entre el Chocó y el Quindío nos deja una certeza todavía más profunda: la Providencia no es solamente aquello que recibimos; también es aquello que estamos dispuestos a poner en común.

Hoy queremos agradecer a cada persona que hizo parte de estas dos experiencias. A quienes donaron un mercado, una prenda, un paquete de pañales o una botella de agua. A quienes abrieron sus casas, movilizaron contactos, cargaron, clasificaron, empacaron y transportaron. A quienes simplemente compartieron una publicación y ayudaron a que el llamado llegara más lejos.

Gracias por demostrar que la fraternidad universal puede hacerse concreta. Que un pequeño gesto puede desencadenar una cadena inmensa de solidaridad. Y que, cuando nos unimos bajo este ideal, las fronteras se borran y lo imposible puede comenzar a hacerse realidad. Por ahora hacemos una pausa en estas labores humanitarias, pero sabemos que la recuperación de las comunidades afectadas será un camino largo. Estaremos atentos a sus necesidades y, cuando llegue el momento, volveremos a unirnos para responder.

Nos queda, sobre todo, la gratitud. Gratitud a Dios por permitirnos ser instrumentos de su amor. Gratitud por cada persona que dijo “sí”. Y gratitud por haber experimentado, una vez más, que cuando el amor se pone en acción, se multiplica y llega mucho más lejos de lo que jamás habríamos imaginado, porque al final, no se trataba solamente de enviar ayudas, se trataba de decirle a nuestros hermanos: no están solos.

Por Ximena Alaguna y Yolima Martinez, comunidad de Tocancipá-Colombia

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *