La fraternidad de los gestos sencillos

Monia Zergane, de confesión islámica, ofreció al Papa León uno de los testimonios durante el encuentro con la comunidad argelina: «Junto con mis hermanos cristianos, cuidamos de los más vulnerables trabajando codo a codo; compartimos los momentos de alegría y la solidaridad en el sufrimiento.

Servir como único compromiso

La experiencia de una fe «verdadera» que «no aísla, sino que abre, une, pero no confunde, acerca sin uniformar y
hace crecer una auténtica fraternidad» fue compartida en francés por Monia Zergane, una musulmana cuya
vida se convierte en «signo de esperanza para nuestro mundo». En los servicios de la Iglesia católica en Argelia,
cristianos y musulmanes trabajan «codo a codo», relató Monia, «con las mismas preocupaciones» de «acoger,
servir, escuchar, cuidar de los más frágiles, organizar, encontrar recursos financieros y esforzarse para que los
centros de actividad sean lugares seguros que preserven la dignidad de las personas». Un servicio a los más
«vulnerables», ya sean mujeres, niños, ancianos o enfermos, vivido «juntos» y capaz de crear una «fraternidad
real», explicó, con la firme convicción de que «servir al hombre es, ante todo, servir a Dios». Un compromiso,
subrayó, que se nutre de todas las cosas «hermosas» que se ponen en juego: competencias, dedicación, paciencia,
perdón, compasión y benevolencia.

Unida a mis hermanos cristianos

«Me relaciono cada día con mis hermanos y hermanas cristianos y los veo rezar, celebrar, vivir su vocación con
fidelidad», añadió, y «sin confundir nuestros caminos, yo, que rezo a Dios según la tradición musulmana, me
encuentro en la misma disposición interior: buscar a Dios, aprender a amarlo más y dejarme transformar para
ser mejor con los demás». Participar en momentos importantes de la vida cristiana «en unión con mis
hermanas y hermanos cristianos», quienes a su vez La fraternidad de los gestos sencillos «celebran con nosotros, los musulmanes, nuestros momentos de fiesta y comparten nuestros momentos de sufrimiento».

La comunión vivida

Hermanos y hermanas que han sido «de inmensa ayuda y consuelo» para Monia en la prueba de la enfermedad,
cuando, confió con gratitud, «pude contar con su cercanía, con su inquebrantable solidaridad, con su delicadeza
y con sus oraciones». En particular, la cercanía de una comunidad del movimiento de los Focolares y el
compromiso diario por poner en práctica el amor al prójimo, «me interpela a menudo y me hace comprender
que la vida no está hecha sobre todo de grandes obras visibles, sino de una comunión vivida día tras día»,
reconoció. Consciente de que la fraternidad se construye también «en los gestos sencillos: una sonrisa, un saludo
que sale del corazón, una palabra amable, un servicio prestado sin esperar nada a cambio, y en las pequeñas cosas de la vida cotidiana: felicitarse por una fiesta, compartir una comida tras un tiempo de ayuno, escuchar el significado espiritual de una celebración».

Aspiramos de la misma manera a la paz

Una «vida compartida» en la que Monia descubre cada día que el Señor actúa «en el encuentro sincero con el
otro, que no es una amenaza sino un don», para tomar conciencia de que «aspiramos de la misma manera a la
dignidad, al amor, a la justicia y a la paz, y de que se puede caminar juntos, con confianza y esperanza». En
Argelia, como en otros países, «el camino no ha terminado » y cada día, según el deseo expresado por la musulmana,
«debemos volver a aprender la humildad y el amor», rezando para contribuir humildemente a construir un mundo en el que «se pueda verdaderamente vivir, rezar, trabajar y soñar juntos».


Fuente https://www.vaticannews.va/es

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