Qué esperamos hoy de la Economía de Comunión en la región interamericana?

Somos de México, de la ciudad y el estado de Puebla, cerca de la Mariápolis El Diamante. Desde que conocimos la Economía de Comunión, formamos un grupo con quienes sentimos que compartíamos una misma vocación. Teníamos muchos planes y sueños. Nos reuníamos cada mes en la Mariápolis, nos apoyábamos para vivir los principios de la EdC en nuestras empresas, centros de trabajo y participando activamente en nuestra comunidad.

Sin embargo, desde la pandemia, esa pasión se fue apagando.

Seguíamos viviendo la Economía de Comunión en nuestros centros de trabajo y empresas, compartiéndola con amigos que también la viven, pero, de alguna manera, habíamos perdido el entusiasmo y la fuerza que antes nos impulsaba.

Todo comenzó a cambiar durante los preparativos para asistir al 35º Aniversario de la Economía de Comunión. Sin darnos cuenta, algo empezó a renacer. Finalmente fuimos un buen número y regresamos felices y entusiasmados. Ocho de nosotros tuvimos, además, la oportunidad de compartir la misma experiencia en Chile.

La visita a Yungay, un barrio de Santiago de Chile, nos marcó profundamente. Allí pudimos acercarnos a una realidad de desigualdad que muchas veces vemos de lejos. Convivimos con personas en situación de calle, conocimos algunas de sus historias y vimos cómo nuestros amigos chilenos se acercaban a ellas con profundo respeto y cariño, ofreciéndoles alimento, abrigo y, sobre todo, cercanía. Fue una experiencia que nos conmovió.

También nos impresionó conocer la riqueza económica y cultural de Chile y descubrir a empresarios, profesionales y personas de la sociedad que apoyan a quienes más lo necesitan a través de la Iglesia y de diversas asociaciones.

Al culminar el evento en Argentina y encontrarnos con nuestros amigos que hicieron su experiencia en otras sedes, entendimos que ellos también se sentían como nosotros.

A partir de las experiencias vividas en las distintas sedes, comprendimos con mayor claridad algo que hoy sentimos que la Economía de Comunión nos dice: no basta con generar empleo o hacer aportaciones; necesitamos crear vínculos con las personas, especialmente con quienes viven alguna forma de pobreza o exclusión. Ese fue, para nosotros, uno de los aprendizajes más valiosos del encuentro.

Estas experiencias también nos ayudaron a redescubrir el sentido profundo, casi sagrado, del trabajo; la importancia de la Economía de Comunión; el emprendimiento como generador de oportunidades; la necesidad de construir proyectos sostenibles y, sobre todo, el valor y la dignidad de cada persona.

Regresamos muy felices, con esperanza y, sobre todo, con la pasión renovada.

Por eso, cuando nos preguntamos qué esperamos hoy de la Economía de Comunión en nuestra Zona, la respuesta es muy sencilla: Esperamos crecer como personas, como colaboradores, como profesionistas, como comunidad y como empresarios comprometidos con una economía regenerativa que ponga a la persona en el centro.

Hemos reanudado nuestros encuentros mensuales para volver a hacer de ellos un espacio donde podamos animarnos unos a otros, compartir experiencias, aprender juntos y acompañarnos para llevar la Economía de Comunión, a nuestras empresas, a nuestros trabajos y a nuestra vida cotidiana.

La vida comienza a tomar nuevo impulso. En días pasados, participamos en un foro de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, donde tuvimos la oportunidad de compartir y aportar desde el espíritu de la Economía de Comunión.

No es un camino fácil. El lema del 35º Aniversario fue “Un camino de regeneración”, y toda regeneración requiere tiempo, compromiso y perseverancia. Pero no estamos llamados a recorrer ese camino solos.

Renovamos nuestro compromiso de vivir y promover la cultura del dar, de seguir aprendiendo y trabajando juntos y de impulsar proyectos que puedan transformar positivamente nuestra comunidad.

Estamos convencidos de que el fruto del 35º Aniversario no debe quedarse solamente en lo que vivimos en Chile y Argentina. El verdadero fruto será lo que, a partir de hoy, seamos capaces de construir juntos.

Por María Luisa Altamirano-México

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