Hoy ha sido un día Suyo. Hermanos anónimos y conocidos pusieron en común sus bienes con nosotros para darnos de comer, beber, vestir, cobijarnos; para que no hubiese necesitados entre nosotros, que acabamos de vivir un terremoto ¡devastador!
Comunión expresada en paquetes que respiran amor, cuidados, delicadeza, abrazo dulce y respetuoso, oportuno. Y que facilitó el compartir abundante, la distribución generosa, digna y cuidadosa del «cualquier cosa hecha… a Él».
Lo sintieron todos los que nos dieron su mano… Éramos algo más que cristianos, que Iglesia, adherentes, voluntarios/as, focolarinos/as: éramos el pueblo del ¡todos uno!
Trabajo en equipo y comunión en el territorio
Caían muchas barreras, así como cayeron tantas cosas. Junto al Padre Ignacio y Jeisson padre, Fernando (párroco amigo), jóvenes de la Escuela de la política en clave fraterna, Mppu Quimbaya, Jhonatan y su amigo German, junto a nosotros, acomodamos y entregamos el Amor de todos a comunidades en:
- Tebaida
- Montenegro
- Filandia
- Armenia
- Quimbaya (zonas urbanas y rurales)
La ausencia de internet nos hacía manifestar vivamente la gratitud por cada detalle: en el doblar, separar, rotular y racionar los paquetes, tan útil y oportuno. Arduo y gustoso trabajo.
El almuerzo compartido, el breve descanso, la Eucaristía, la acción de gracias comunitaria, hasta el regreso a Bogotá del Padre Ignacio.
Una nueva humanidad en marcha
Llega la noche y podemos decir con Chiara…
«¡Cansados, pero contentos! ¡Hemos experimentado el pueblo del ‘todos uno’, abrazando juntos los gritos de la humanidad! ¡De alguna manera sus oraciones, ofrecimientos, rosas, espinas y comunión de bienes nos está generando una nueva humanidad! ¡Gracias a cada uno por dar la vida por la propia gente!»
¡Gracias comunidad de Tocancipá, Maru, Sol Naciente, Yolima y compañía ilimitada!
Autores / Testimonio:
Luis Orlando López y Gladys Molina
Voluntarios del Quindío, Colombia

