La vulnerabilidad nos ablanda el corazón, nos acerca al otro

Los recursos para regenerar una herida están dentro de la herida misma. Imaginen una herida en el cuerpo: enseguida aparecen las plaquetas para taponarla y los leucocitos para evitar que se infecte. Desde fuera se puede ayudar, se puede limpiar o se puede coser para acelerar el proceso, pero la herida solo se regenera desde dentro.

Un error muy común es pensar que una situación, por ejemplo de pobreza material o de crisis ambiental, se puede resolver solamente desde fuera, con dinero. Sabemos que el dinero es importante, pero no basta, porque nuestra realidad humana es mucho más compleja, tiene más dimensiones y todas ellas se ven de un modo u otro implicadas en nuestra situación concreta. Solo entrando en la herida, desde dentro y con paciencia, es posible regenerarla.

El valor de la vulnerabilidad

Todos tenemos experiencia de la herida, y sabemos que no todas las heridas son iguales. Hay heridas exteriores y heridas interiores; hay heridas grandes y pequeñas.

Las que no son demasiado grandes nos hacen humildes, vulnerables, y nos abren a la experiencia de dar y recibir amor. La vulnerabilidad nos ablanda el corazón, nos acerca al otro. La potencia nos atemoriza.

Las heridas son aberturas que nos dejan ver la realidad profunda que está debajo: la vida que tiene la capacidad intrínseca de florecer y regenerarse.

Las heridas de nuestra humanidad

Pero cuando las heridas son demasiado grandes o demasiado profundas, corremos el peligro de desangrarnos, física o espiritualmente. Nos lo muestra el mundo en el que vivimos:

  • Proliferación de conflictos armados.
  • Destrucción de nuestros ecosistemas.
  • Avidez insaciable de algunos y desigualdades crecientes.
  • Precariedad económica y falta de horizontes.

El número de jóvenes que ven el futuro con temor en lugar de verlo con esperanza crece exponencialmente en todo el mundo. Estas son algunas de las heridas por las que se desangra nuestra humanidad.

¿Y nosotros decimos que el instrumento más potente para regenerar estas heridas desde dentro es la comunión?

En primer lugar, se trata de cambiar la mirada y poner el foco en las riquezas y no solo en las pobrezas.

Hay dos riquezas que tradicionalmente han vivido de espaldas:

  • La riqueza material y exterior que la economía y la empresa pueden generar.
  • La riqueza espiritual e interior que el consumismo desprecia porque intenta llenar el vacío interior con mercancías.

Pero solo compartiendo estas dos riquezas se puede dar una respuesta a los problemas que atenazan a nuestras sociedades y a nuestro ecosistema.

Es importante compartir riquezas, porque no se trata de compartir solo miserias y dificultades. No se trata solo de com-padecer (es decir, padecer juntos), sino también de compartir alegrías. La comunión no consiste solo en sacrificarse, sino en vivir y trabajar juntos por uno mismo y por los demás.

¿Qué tiene la comunión que la hace tan potente?

1. La realidad misma es comunión e interconexión

La naturaleza más profunda de la realidad es comunión; todo está interconectado. Bien lo sabían ya los pueblos originarios con su sabiduría ancestral y hoy lo está descubriendo también la ciencia.

La física cuántica está descubriendo las leyes de una realidad que va más allá de los objetos que vemos en el espacio-tiempo. Pensemos en el entrelazamiento cuántico: partículas que se encuentran a miles de kilómetros de distancia y, cuando cambia una, cambia también la otra. No porque intercambien información, sino porque comparten la misma realidad fundamental. Todo está interconectado.

2. Tiene un efecto multiplicador

Estamos acostumbrados a analizar los fragmentos de la realidad y pensamos que la realidad es la suma de esos fragmentos. Sin embargo, cada vez está más claro que la realidad es holística: el todo es más que la suma de las partes. Por eso, cuando hacemos una experiencia de comunión verdadera, surge algo nuevo, algo que antes no estaba.

  • Cuando abordamos juntos una situación difícil, encontramos una luz que individualmente no veíamos.
  • La comunión genera una sincronía gracias a nuestra interconexión.
  • Cuando ponemos la comunión en el centro de nuestra empresa, vemos que se crean otros bienes que antes no existían: los bienes relacionales.

3. Está en nuestra propia naturaleza

Nos han enseñado que tenemos que competir, que quien sobrevive es el más fuerte. Pero el egoísmo y el afán desmedido por acumular son desviaciones hacia el mal de nuestra capacidad de amar, que deriva de nuestra libertad.

Si observamos la naturaleza, vemos que el impulso vital es cooperativo y no competitivo. Hablar de comunión en la economía no es algo romántico ni meramente religioso, sino que conecta con lo más íntimo de la realidad.

Un desafío para el futuro de la humanidad

Alguien tiene que tener la valentía de decir y mostrar, sobre todo a los jóvenes, que el futuro de la humanidad pasa por la comunión y no por la prevalencia del más fuerte. Mostrar que la fuerza que verdaderamente mueve el mundo es el amor.

La comunión no es solo el desafío de la Economía de Comunión: es el desafío de la vida.

Isaías Hernando

Co-responsable de Economía de Comunión (EdC) Internacional.

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