Del 4 al 24 de julio, tuvimos la gracia de participar, como familia peruana, en la Escuela Loreto de Familias en Loppiano, ciudadela del Movimiento de los Focolares en Italia. Fueron tres semanas de convivencia, formación y crecimiento junto a familias de muchos países: Italia, España, Polonia, Hungría, Eslovaquia, Palestina, Irak, Australia, Nueva Caledonia, Filipinas, Canadá y varios países de África (Egipto, Costa de Marfil, Etiopia) y América (Canadá, Brasil y Perú).

Desde el primer día experimentamos la riqueza del carisma de la unidad, inspirado por Chiara Lubich. Cada encuentro por la mañana nos invitaba a profundizar en la relación matrimonial, la educación de los hijos y la vida familiar. Los talleres no eran solo charlas, eran espacios de experiencias reales.
Se compartían alegrías, desafíos y se descubrían herramientas para vivir con más amor y paciencia en lo cotidiano. Un momento especialmente significativo fue la renovación de los votos matrimoniales, que renovó el compromiso del uno con el otro, y les dio gracias, una nueva mirada hacia el futuro. Mientras tanto, nuestros hijos vivían su propia experiencia, con dinámicas, juegos y momentos que les transmitían los mismos valores, haciendo que cada noche compartiéramos en familia lo vivido, descubriendo que todos habíamos aprendido algo, cada uno a su manera.

La escuela también nos permitió conocer lugares especiales, como el Monasterio de Vallombrosa, el Centro Internacional de los Focolares y la casa de Chiara Lubich en las afueras de Roma. Más allá de las actividades, lo más valioso fue vivir la unidad, esencia del Carisma de los Focolares. Descubrimos que la presencia de Cristo en medio, cuando nos amamos mutuamente, deja de ser una idea y se vuelve experiencia concreta. Y aprendimos el valor de reconocer y amar los rostros del Cristo Abandonado, encontrando sentido incluso en las dificultades y en los momentos de fragilidad. Hoy, de regreso en nuestros países, continuamos unidos mediante un grupo de comunicación donde compartimos fotos, recuerdos y las experiencias del día a día.
Más que un curso, fue una experiencia de vida, que renovó el matrimonio, fortaleció la familia y nos motivó a llevar este espíritu de unidad a nuestros hogares y comunidades. Ese es, sin duda, el regalo más grande que Loppiano dejó en nuestros corazones.
Por Familia Tapia Tapia- Perú

