Venezuela: unidad a gran escala

“Estos gestos de amor concreto a los más vulnerables, en este momento, son posibles gracias a la fuerza de la unidad a gran escala”. Así nos cuenta Taide:

La experiencia con el reciente terremoto fue abrumadora desde todo punto de vista. Me nacía de preguntarle a Dios,
¿Qué más quieres pedir a este pueblo, Señor? La vida para el venezolano tiene ahora otro sentido, otra razón.

En estas casi tres décadas hemos vivido “terremotos” sociales, económicos, políticos verdaderamente desbastadores, pero nada como esto.

Diversamente a la lenta respuesta del gobierno, con inmensa alegría puedo confirmar que el don inmenso de la unidad nos dio el empuje para encontrarnos y dar respuesta casi inmediata a las necesidades, para enfrentar las situaciones, ayudar sin perder tiempo.

El Movimiento de los Focolares en el mundo: todos respondieron inmediatamente. ¡La Unidad nos lanza a vivir por Venezuela ¡Confirmo que a pesar de shock que viví, me siento sostenida como nunca por esta realidad de unidad y de las personas que nos aman! Fuerza y compromiso en primera línea junto a los miembros del Movimiento y, por supuesto, una inmensa paz y alegría de poder hacerlo.

Establecimos de inmediato el equipo de Emergencia para dar respuesta a la primera fase: alimentos, medicinas, hospedaje, productos de higiene personal, gastos operativos. Dimos inicio a una campaña de recolección de fondos e insumos en Venezuela y entre nuestros contactos, la respuesta superó nuestras expectativas. A la fecha hemos ayudado a muchas personas, y no solo del Movimiento. Contemporáneamente, la Coordinación de Emergencias del Movimiento de los Focolares ha puesto en marcha una recaudación extraordinaria de fondos en apoyo de la población de Venezuela, a través de Acción por un Mundo Unido (AMU) y Acción por Familias Nuevas (AFN). Hemos sabido que ha sido muy generosa.

También, a raíz de los terremotos, la Conferencia Episcopal de Venezuela, a través del Centro Cultura, Educación y Comunicación, ideó un proyecto ambicioso de Educación en Emergencia (nueva modalidad) invitando a todos los docentes (Somos docentes de preescolar y primaria, psicopedagogos, psicólogos, trabajadores sociales). Este proyecto se realizará en los Campamentos transitorios (refugios). Yo sentí enseguida que este proyecto era mi manera de construir, de estar cerca a los más vulnerables: los niños. Hay centenares de niños huérfanos, heridos, mutilados, traumatizados.

El proyecto se llama TALITA KUM, cómo un aliento para levantarnos de la catástrofe. Está dirigido a niños y adolescentes en los Campamentos transitorios. Hay 21.705 personas damnificadas en 117 refugios entre La Guaira, Caracas, Aragua. Es un servicio voluntario, sin sueldo.

Este proyecto me tiene muy emocionada y activa, también siento miedo. Sin embargo, por ser un equipo multidisciplinario, tenemos herramientas y cada uno aporta, dona, da confianza al otro.

En este momento nos encontramos en la fase de contactar estos campamentos, presentarnos y dar a conocer lo que
haremos. Por otro lado, trabajé varios años en una embajada en Venezuela. Dicha sede diplomática fue cerrada por motivos políticos. Antes de cerrar la embajada, hicimos un trabajo de repatriación de casi 70 costarricenses que se encontraban en Venezuela en situación de vulnerabilidad. Fue un trabajo hermoso, digno, de cercanía con cada persona. Además, esto me permitió estrechar un vínculo fraternal con varios jefes de cancillería.

Por el terremoto, una de las jefas de la Dirección de Servicio Exterior, me escribió para saber cómo me encontraba y si sabía de algún costarricense que estuviera herido o necesitara ayuda. Esto me llenó de alegría por este interés humanitario hacia las personas. Al día siguiente me escribió de nuevo para decirme que el director de Departamento Consular de Cancillería quería tener una conversación conmigo. Por supuesto me puse a disposición. En esta conversación, me pidieron si yo podía contactar a los costarricenses (con los que tuviera contacto), para conocer su situación ante esta tragedia.

Me puse en acción y pude contactar a diez costarricenses, de los cuales, una vive en la ZONA CERO, adulta mayor, sin hijos en el país y muy cerca de los edificios que colapsaron. Pude visitarla, tomar fotografías, y hacer una breve relación para el director del departamento consular. El interés que manifestaron por esta señora me dio mucha paz. Luego, fue contactada personalmente por el director para conocer más detalles de su situación.


Por Taide María Mocletón- Venezuela