La cruz, fuente de comunión

Abr 3, 2026

La muerte de Jesús en la cruz nos revela a un hombre arraigado en una relación tan profunda con el Padre, que es capaz de confiar en Él hasta el final. Por eso, ese calvario se convierte en el tesoro en el que se concentra todo el amor de Dios por nosotros. Las palabras de Igino Giordani nos invitan a hacer espacio para el silencio y la escucha, a fin de emprender este camino de contemplación, redención y comunión con Dios y entre los hombres.

Que la soledad, en el silencio, no te asuste: ella está hecha para proteger, no para atemorizar. De todas formas, hemos de sacar provecho también de este sufrimiento. La máxima grandeza de Cristo es la cruz. Nunca estuvo tan cerca del Padre y tan cerca de los hermanos como cuando desnudo, herido, gritó desde el patíbulo: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”. Con ese sufrimiento nos redimió: en esa fractura reunió a los hombres con Dios.

[…] Ponte a escucharla. Ponte a contemplar, dentro del silencio en el que Dios habla. Es ésta, en la jornada de la vida, la hora tardía de la contemplación, cuando las criaturas se retiran para hacer un balance del trabajo realizado y preparan el quehacer del mañana, un mañana que hunde sus raíces en la eternidad. […] Desapego del mundo, por lo tanto, y apego a Dios. No separación de los hombres, en cuanto son hermanos, miembros de la misma familia humana y divina.

Igino Giordani, Fragmentos tomados de “Città Nuova” XXIII/13 10 de julio de 1979, pp.32-33

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