Aún en el caos puede germinar la vida


Comienza marzo y el clima de convivencia mundial sigue explotando en guerras, toma de poder, asesinatos y otras expresiones. Dramas que encuentran público que las sufre o aplaude según el lugar desde donde se mire la situación, más que la conciencia profunda del ser persona, lo que implicaría la capacidad de emocionarse, llorar, sufrir por cualquier semejante eliminado. Reflexión y compasión válida, inclusive, frente a los mayores delincuentes que conocemos por los medios de comunicación.

Estamos en un verdadero caos en la convivencia humana, incluyendo los órdenes de la institucionalidad política planetaria. Todos se atribuyen poderes jamás delegados por los pueblos y ejercicios de sometimiento nunca elegidos por sus ciudadanías. El caos es impresionante, no temamos, llamémoslo por su nombre. Pero…, ¿es posible algo nuevo? Sí, es posible. El caos deja intersticios, rendijas, y, así como las plantas nos demuestran que la vida siempre puede emerger por las resquebraduras, las grietas, por cualquier espacio por pequeño que sea, en los momentos subliminales de caos, se ha comprobado que puede resurgir otra humanidad, esa que espera lo nuevo, lo distinto, lo vivo, lo auténtico. Es entonces hora de atención, de escucha, de vigilancia, que nos permita descubrir por dónde va naciendo la vida para estar allí y poderla acompañar.

¿De qué vida nueva, podemos preguntarnos? La vida de las comunidades que se centran o centraron en el Evangelio, la Palabra que se practica en la cotidianidad, con todo lo que eso supone: reciprocidad, comunión de bienes, solidaridad, encanto, y disponibilidad permanente al otro, a los otros. Comunidades fuertes fundadas sobre la roca del Evangelio, que hacen posible otra forma de vida en el mundo. Así lo fueron ante el imperio romano en la iglesia naciente, y así, con mayor solidez y aprendizaje lo pueden hacer también hoy.

Desde Ciudad Nueva Interamericana les proponemos y nos invitamos todos a ser generadores y constructores de comunidades vivas y fuertes, capaces de resignificar la vida que se estremece en este caos epocal que vivimos. A dar y recibir luz donde solo vemos cortocircuitos.


Por Susana Nuin Núñez