Visitamos a don Romeo Apen Chirix, indígena kachikel, albañil. Vive en San Juan de Comalapa, Guatemala. Es una de esas personas cuya mirada va más allá de lo que se ve. Encontró en el reciclaje el vehículo para desvelar la creatividad que lleva en la sangre. Para él todos los espacios son buenos para transformar, reutilizar y compartir saberes.

En 2009, a través de una ONG norteamericana conoció y trabajó la técnica del reciclaje. Desde entonces, con voluntarios que llegan de otros países han construido escuelas, salones, canchas deportivas, casas, estufas para economizar la leña, en varias comunidades del país.

El objetivo del proyecto es el de mejorar las condiciones de vida de los habitantes de las áreas más pobres, mediante el uso de materia reciclable: botellas de plástico y de vidrio, bolsas plásticas de todo tipo, llantas, bambú, pedazos de madera, entre otros.
Una de obras que describe la utilidad de esta técnica es la escuela Ténico Chi Xot, de Comalapa que inició con unas aulas para niños de nivel primario y hoy tiene grados de educación secundaria. El terreno de barrancas, donde está construida fue acondicionado utilizando tierra del lugar y llantas (neumáticos de autos) a manera de pared de contención, toda la estructura de la institución es de material reciclado.

Cuenta, también, con un sistema de drenaje que permite reciclar el agua pluvial y utilizarla para la
limpieza y lavado de manos, respondiendo así a una de las mayores problemáticas de la región: la falta de agua. Otra de las propuestas de este proyecto es la elaboración de baño seco, tan necesario en estas poblaciones, pero que exige una formación y concientización para su uso.
En la escuela los estudiantes aprenden haciendo. Reciclan, preparan los bloques ecológicos, hacen los
cálculos matemáticos y físicos propios de cada construcción, plasman sus saberes geográficos y biológicos en las paredes de su institución, elaboran proyectos (baños secos, estufas económicas, viviendas) para familias que lo necesitan y que luego construyen concretamente, acompañados por sus maestros y voluntarios que se suman a la experiencia.
Toda la casa de don Romeo está construida con material reciclado. Aprendió el oficio y es feliz compartiendo sus saberes con los jóvenes en la escuela y con todos los que se interesen, pero, sobre todo, disfruta y agradece Dios por lo que logra realizar con sus manos. Ha tenido la posibilidad de compartir su experiencia también en otros países.
Por la Redacción
