Geopolítica para no perder la brújula

En este número, dado que la situación política nos involucra mundialmente, nos parece importante
brindar un espacio de miradas de diferentes autores que plantean matices de esta configuración geopolítica
actual, y que puede ayudarnos ejercitar un diálogo cada vez más abierto y sincero sobre el modo de leer los acontecimientos de este momento histórico que vivimos.

En un artículo titulado Nuevo Mapa Geopolítico, Carlos Alberto Libânio, conocido como Frei Betto, fraile dominico brasileño, de 81 años y autor de numerosos libros, plantea cómo lo que muestra el escenario político mundial es el resultado “de tres décadas de hegemonía neoliberal que, con piquetas y motosierras, demolió los muros de sustentación del edificio tan meticulosamente construido después de 1945”. El autor alude al término “nueva era”, utilizado por Steven Forti, profesor de la Universidad Autónoma de Barcelona, quien declaró que el regreso de Trump a la Casa Blanca en enero de 2025 dio inicio a una nueva era.

Ahora se trata de un hiperimperialismo, o sea, un nuevo tipo de imperialismo que se caracteriza por una hegemonía militarizada, coercitiva e impuesta tecnológicamente al Sur Global debido a la decadencia del Norte Global. Por tanto, no se trata de un retorno a la era imperialista clásica, sino del establecimiento de un sistema internacional neomonárquico estructurado por un pequeño grupo de elites hiperprivilegiadas.


El concepto de democracia se ha ido vaciando, y el poder efectivo se ha desplazado a las elites económicas. El resultado es la configuración de un sistema posdemocrático, en el que los organismos intermediarios –partidos, sindicatos, asociaciones de la sociedad civil— decaen gradualmente. Y los tecnoligarcas asumen el control del Estado.


Hemos pasado de la unión entre política y economía de tipo neoliberal clásico a la voluntad explícita de capturar el Estado mediante la creación de un “complejo tecnológico autoritario” que busca controlar los mecanismos de la gobernanza.

La extrema derecha es el principal actor de la nueva era, junto a los líderes autoritarios en el poder en gran parte del mundo (Putin, Xi Jingping, Erdogan, Modi, los petromonarcas del Golfo, etc.) En Occidente, es la extrema derecha la que mejor representa esta nueva era. Gana terreno electoral y llega al poder en diversos países, de los Estados Unidos a Argentina, de Israel a Italia, de Hungría a El Salvador y a Chile. En cuanto tiene una oportunidad, establece sistemas electorales autocráticos: la separación de poderes se ve corroída, el pluralismo mediático es atacado y los derechos de grandes sectores de la población desaparecen.

El hombre fuerte se presenta como representante del pueblo, desprecia los controles democráticos y pone en
movimiento un proyecto etnonacionalista reaccionario
. Lo que tenemos ante nosotros es una nueva extrema
derecha que defiende un autoritarismo posliberal, antigualitario y orientado a la eficiencia. Sus raíces se encuentran en el pensamiento antiluminista y en el reaccionarismo antiliberal de fines del siglo XVIII.

La nueva era no es solo la de la posverdad, la desinformación y las noticias falsas, sino también un tiempo en que la polarización se ha hecho común. Más allá de las consecuencias de la hegemonía neoliberal, ese cambio no puede entenderse sin considerar el impacto de las nuevas tecnologías; que han posibilitado la diseminación de ideas y narrativas extremistas y, en consecuencia, la normalización de la extrema derecha y el autoritarismo (…)

Ante esa coyuntura, la respuesta a la vieja pregunta leninista de “¿qué hacer?” solo puede ser colectiva.
(…) Por tanto, debemos reconstruir la sociedad, ahora fragmentada y atomizada, crear un sentido de comunidad
que no sea del tipo identitario y etnonacionalista de la extrema derecha, volver a emprender la batalla de ideas y
forjar alianzas y redes transnacionales, porque la solución no puede ser meramente local. Todos debemos comprometernos colectivamente.


Fuente: https://www.telesurtv.net/