Este encuentro estuvo dirigido a explorar cómo el concepto de Amor Social, con sus diferentes dimensiones, puede contribuir a la construcción de ciudades, territorios y asentamientos humanos inclusivos. La primera novedad de esta propuesta es mirar los dolores de la humanidad desde el amor, que puede verse comúnmente como un sentimiento.
Pero este enfoque no piensa en el amor solamente de esa manera, sino como una condición bio-psico-socio- cultural. Así, el amor es un impulso a la acción, impulso que emerge de la singularidad de la persona, pero que la sobrepasa, saliendo de lo subjetivo para pertenecer al orden de lo cultural. Adquiere, entonces, una dimensión trascendente.
Respuestas colectivas
Y son esas acciones, movidas por el amor, que nos llevan a transformar las ciudades en las que vivimos, a habitarlas de nuevas formas, sobre las cuales compartimos nuestras reflexiones académicas en esta Escuela. Y lo hicimos a través de sesiones temáticas
interdisciplinarias; sesiones de trabajo y talleres para el diálogo entre investigadores, representantes y profesionales de organizaciones de la sociedad civil y gubernamentales; talleres metodológicos tendientes a mostrar la eficacia de nuevas herramientas de investigación, análisis y evaluación sobre las problemáticas de los ejes temáticos de la EDP; y diálogos “flexibles”, donde estudiantes y profesores pudimos encontrarnos uno-a-uno con expertos en su área para discutir en profundidad las investigaciones y objetivos de trabajo. Además, tuvimos la oportunidad de conocer comunas y barrios donde la desigualdad social es muy evidente, así como lo son las respuestas colectivas que sus propios vecinos dan en el presente y nos compartieron en la EDP.
Riqueza de la interdisciplinariedad
Una segunda novedad es la interdisciplinariedad propuesta en el abordaje de esta Escuela, donde nos encontramos estudiantes y estudiosos del campo de la psicología, la política, el urbanismo, la comunicación, el derecho, la sociología, la economía, la ecología. Y no solo para hacer los aportes que cada uno traía acerca de una dimensión específica que observa,
sino, partiendo desde el punto opuesto, convocados por una misma temática, reconociendo su multidimensionalidad, y trayendo las miradas que nuestros recorridos nos permitían reconocer, generando un enriquecimiento constante de ese saber comunitario.
¿Qué tiene la academia para aportar a la construcción de un mundo más unido? Desde ya, mucho. Y sobre todo cuando adoptamos paradigmas como la teoría de la acción, como es el caso del Amor Social: esta conceptualización nace del estudio de una realidad material, concreta, y vuelve a ella para validarse, pero también para proponer acciones transformadoras de la misma. Conociendo mejor una realidad es que podemos amarla, y por ese amor, hacernos parte, generar cambios, habitarla. Espacios como este permiten la comunión de los conocimientos, de las reflexiones, de las dudas, de las equivocaciones y de los hallazgos, para que sean una contribución en el saber común. Si los conocimientos se comparten con este fin, son la posibilidad de conocer mejor ese mundo en el que vivimos para encontrar las herramientas que nos ayuden a transformar esas dimensiones que podrían ser mejores para todos.

Compromiso intergeneracional
Una tercera novedad es el carácter intergeneracional de la Escuela. Reconocer la riqueza que hay en las experiencias y recorridos de cada uno de nosotros, lo que podemos aprender los unos de los otros, la importancia de una escucha abierta y sincera, fueron
premisas siempre presentes durante estas jornadas, y que no siempre son características del ámbito académico. Como jóvenes pudimos aportar nuestra mirada comprometida, curiosa y empeñada en construir vínculos de proximidad a través de las distintas acciones que llevamos adelante en nuestra vida, junto con las investigaciones académicas que sobre ellas realizamos. Así como recibir el amplísimo bagaje compartido en esta Escuela, con ponencias de renombrados investigadores y académicos en materia de la desigualdad.
Acercarse a la realidad desde una mirada transformadora
Una de las certezas a las que llegamos en este intercambio es que el Amor Social existe en la humanidad, pero entendemos que no es hoy la propuesta hegemónica de modalidad de vinculación entre ciudadanos. Es por eso que debemos, además trabajar en su conceptualización y su especificidad académica, experimentarla, hacerla vida, hablar de ella, enseñarla, compartirla, contagiarla. Nos cruzamos constantemente con las causas y los efectos de la desigualdad en nuestras ciudades, una condición fuertemente arraigada en nuestras sociedades. Pero tenemos aquí una nueva forma de acercarnos a ella, para poder
mirarla con “ojos nuevos”, pensarnos ciudadanos distintos, habitar esas ciudades marcadas por la desigualdad de una forma transformadora, creando vínculos renovadores y revolucionarios que nos acerquen cada vez más los unos a los otros.
Por Ana Tano- Argentina
Fuente https://revistaciudadnueva.online
*Promovieron dicha escuela, además, la Fundación Universitaria Juan de Castellanos, la Red Universitaria para los estudios de la Fraternidad (RUEF), el Instituto Universitario Sophia, con su representación en América Latina Sophia ALC, la Universidad del Salvador, el Centro de Estudios de Conflicto y Cohesión Social, el Departamento de Estudios Políticos y Sociales de la Universidad de Salerno, la Universidad de La Sapienza y la Universidad de Michigan.
*Para conocer más sobre el Amor Social y de las investigaciones de este grupo temático de estudios es sociología, puedes ingresar al siguiente link:
TG12 Social Love and Solidarity

