Fidelidad, comunión y entrega

Mi nombre es Alicia Valladares, voluntaria de El Salvador.

Quiero compartir mi experiencia de como conocí el Movimiento de los Focolares y de cómo he vivido y sigo viviendo mi vocación: ser testimonio del amor de Dios en la sociedad.

Soy Profesora y estaba trabajando en San Pedro Nonualco, ciudad de donde soy originaria, ayudaba como catequista en la Parroquia y el Sacerdote, en aquel 1957, era Padre Maximiliano Martini, franciscano italiano. Y un día, a mi hermana gemela y a mí nos llamó para hablarnos de algo especial, de una amiga. Nos contó que él había ido a una Mariapolis del Movimiento de los Focolares, que había conocido a la fundadora Chiara Lubich y que cada mes le enviaban una frase del evangelio que había que hacerla vida. Así empezamos nuestros encuentros de la Palabra de vida y, de consecuencia, sentimos la necesidad de asistir con más frecuencia a la eucaristía.

Después nos propuso hacer estos encuentros para jóvenes de los cantones y la ciudad y que contáramos nuestras experiencias de cómo vivíamos el Evangelio. Así iniciamos en el Salvador. Luego conocimos a Ave Cerquetti y a otras focolarinas (Marita Sartori y a Giuseppina). Poco después hubo cambio de sacerdotes y el padre Maximiliano fue trasladado a otra Parroquia. Con el nuevo sacerdote ya no se hicieron las reuniones con las Jóvenes, pero nosotras continuamos convocándonos cada mes.

Me trasladé a trabajar a San Salvador, Marita y Giuseppina siguieron visitándonos con más frecuencia. Después se abrió el primer Focolar.

En una de las visitas de Fiore nos propuso ir al Diamante, la ciudadela del Movimiento que está en México, para hacer una experiencia del Carisma vivido las 24 horas del día. Después de mi regreso pude acompañar a otras personas que como yo tenían las mismas exigencias de un compromiso más radical para con Dios en el Movimiento, en la sociedad. Fue un período de mucha alegría y unidad con mis compañeras.

Los años pasan rápido y ya con 92 años. Continúo asistiendo a los encuentros, a los Retiros y a algunas actividades del Movimiento. Los límites físicos me impiden desplazarme como quisiera. Ya que no logro visitar a mucha gente, pero con las compañeras más cercanas nos conectamos a través de las redes y eso me hace vivir momentos muy especiales, es el alimento de mi alma. La comunión nos fortalece. He descubierto que ser miembro del Movimiento de los Focolares me ayuda a caminar hacia la santidad, porque no lo hago sola, nos ayudamos a avanzar.

Actualmente vivo en la casa de mi hermana gemela. Tampoco ella está bien de salud así que nos ayudamos recíprocamente. Experimentamos la unidad en diferentes momentos, cuando llegan las preocupaciones, los dolores, las tristezas y esto nos llena de alegría. Algunos días llega una persona a ayudarnos, sabemos que en ella también está Jesús y la tratamos con amabilidad, delicadeza y respeto. En algunos momentos le platicamos también del amor de Dios que hemos conocido y de su gran providencia. Cuando ella nos cuenta algo de su vida la escuchamos con atención. Tratamos de hacer lo mismo con nuestros vecinos, aun si varios son de otras iglesias. Cuando necesitan de nuestra ayuda, estamos allí para darla, en la medida de nuestras posibilidades.

Doy gracias a Dios por haberme «llamado» a ser una voluntaria suya, a Chiara por habernos mostrado este camino de santidad comunitaria y, a todos los miembros del Movimiento que me han ayudado a ser fiel.

Todos tenemos cruces. Jesús en el Evangelio nos dice: «Quien no tome su cruz y me siga, no es digno de mí» (Mt. 10,38) entonces, quiero cargar mi cruz con paciencia, comprensión y amor. Hay momentos que son más es difíciles, pero con la gracia de Dios, sigo adelante. En este tiempo de vida que se me concede quiero hacer solo la voluntad de Dios: amarlo a Él, amarnos entre nosotros y amar al prójimo.

Por Alicia Valladares- El Salvador