Soy Tere, salvadoreña, y desde hace cinco años vivo en el Focolar de República Dominicana. Quiero compartirles una experiencia profunda que he vivido en este último tiempo.
En junio, antes de concluir el año escolar, se presentó una situación que me indicó que debía dejar mi trabajo como maestra de preescolar. Había varias razones lógicas y muy válidas que yo entendía perfectamente, entre ellas lo largo y desgastante del viaje diario: era la primera que salía y la última que regresaba al Focolar. Tenía que tomar un Uber todas las mañanas para llegar a tiempo y regresaba en transporte público para poder ahorrar un poco de dinero.
Entre la seguridad y la incertidumbre
Aun así, en el fondo no era lo que mi corazón sentía ni lo que hubiera querido en ese momento. En ese colegio era feliz por muchos aspectos que me llenaban de satisfacción: el sueldo no estaba para nada mal, el ambiente de trabajo con todas las maestras era excelente, y la relación con los niños y los padres de familia era muy bonita.
Todo esto me daba, en cierto modo, una seguridad. Por lo tanto, el hecho de renunciar no estaba dentro de mis planes.
Tomar la decisión de renunciar me dio mucho temor e incertidumbre, porque no tenía nada seguro al regresar, ya que en esos días tenía programado un viaje para visitar a mi familia. Sentía, verdaderamente, que daba un paso en el vacío.
Poner la preocupación en manos de Dios
Después de unos días, decidí entregarle esa preocupación a Jesús. Hablé con Él desde el fondo de mi alma y le dije:
«Pongo todo en tus manos; te pido que te encargues de hacerme encontrar un trabajo cercano al Focolar y en lo que a mí me gusta.»
Al hacer esta oración, mi alma quedó en paz.
Una respuesta que superó las expectativas
¡Y la respuesta no tardó en llegar! Unos días antes de regresar de mi viaje, las focolarinas me avisaron con mucha emoción que estaban pidiendo mi currículum en un colegio situado a solo tres cuadras de la casa.
Fui a la entrevista y Dios superó mis expectativas, cuidando cada detalle de lo que anhelaba: ¡me dieron el puesto para seguir trabajando con niños de preescolar!
La respuesta fue tan inmediata que ya me encuentro trabajando y viviendo con alegría esta nueva etapa. A veces da miedo dar el paso en el vacío, pero cuando lo hacemos con fe, Él escucha hasta el más mínimo detalle de nuestro corazón.
Autor:
Tere Amaya
Focolar de República Dominicana
