Fraternidad o muerte¹

Chiara y Francisco, dos experiencias que nos animan en tiempos de guerra

A medida que se prolonga y se profundiza lo que el Papa Francisco llamó “la tercera guerra mundial
de a pedacitos”, y en particular ante los ataques de Estados Unidos e Israel a Irán en este comienzo de 2026 -los cuales se suman a los sesenta y un (61) conflictos armados con participación estatal
según un estudio de la Universidad de Uppsala -, nos preguntamos: ¿se puede hacer algo para torcer el rumbo de la guerra?, ¿qué figuras eclesiales, religiosas y políticas nos pueden inspirar para mirar el futuro con esperanza y construir un presente alternativo?


El pensamiento del Papa Francisco, nos señala algunas pistas y nos abre sendas posibles para encarar lo que viene. Una de ellas es la figura eclesial que elige para su nombre: Francisco de Asís, un hermano de todas y todos y de todo, que eligió ser pobre y dedicarse a los más pobres y transformarse en un verdadero constructor de paz. La otra pista, es la revalorización de dos
palabras que instala no sólo como fines a alcanzar sino como método a seguir: fraternidad y sinodalidad (que es una forma de fraternidad, un camino que se realiza junto a otros). Para esta segunda senda, me permito interpretar, que el pensamiento y la vida de Chiara Lubich y el Movimiento de los Focolares, representan un vehículo con el cual es posible transitar. En este
breve escrito deseamos profundizar en estas dos sendas como respuestas abiertas y símbolos de paz.

La fraternidad universal en Francisco de Asís

Entre los siglos XI y XIII se realizaron una serie de expediciones militares conocidas con el nombre de
“Cruzadas”, con el propósito fundamental de quitar del poder musulmán territorios considerados santos para el cristianismo, principalmente, Jerusalén. La Quinta Cruzada transcurre entre los años 1217 y 1221. La voracidad mezclada con el ímpetu y la creencia religiosa conviven en la ambigüedad de una “guerra santa” (una matanza en nombre de Dios) que poco tenía que ver con la fraternidad universal que proclamó Jesús de Nazareth con su Evangelio. Los cruzados de esa época consideraban que era indispensable debilitar el poder musulmán atacando Egipto. Por ello, sitiaron la ciudad de Damieta (actual Dumyā). Allí, ejército del Sultán Malik-el-Kamil, resistía.

En ese escenario, emerge la figura de un fraile pequeño, descalzo, vestido con una túnica burda ceñida por una cuerda. El fraile decidió cruzar la línea invisible que separaba a los ejércitos. No llevaba espada ni armadura. Llevaba un compañero —fray Iluminado— y una convicción que no se parecía a la estrategia militar ni a la ambición por recuperar Jerusalem. Franciscode Asís avanzó hacia el campamento enemigo con la serenidad de quien no negocia con el miedo y de quien puede ver más allá de las paredes que el sistema imperial le había colocado a la fraternidad cristiana.

Los centinelas musulmanes lo detuvieron. Lo golpearon y lo condujeron ante el Sultán. La escena es improbable, imprevista y poco creíble: en un tiempo en que la guerra santa justificaba la eliminación del otro, un cristiano sin armas pedía audiencia con el jefe del ejército islámico. Cuando le llevaron a Francisco ante el Sultán Malik-el-Kamil, éste no se inclinó con temor ni habló con altivez. Habló como quien se sabe hermano de todos. Las fuentes no conservan las palabras exactas. Sabemos, por la Leyenda Mayor de Buenaventura, que expuso su fe con firmeza y que el Sultán lo escuchó con respeto.

Francisco, no fue a combatir al islam, sino a producir un encuentro.

Encontrarse y entramarse es la base de la fraternidad universal evangélica, que ahora se recupera a través del gesto valiente e inesperado de “un loco” que rompe con lo establecido, porqué lo establecido estaba corrupto.
La actitud de Francisco de Asís fue más allá de un mero debate académico o un impulso hacia el suicidio para ser recordado. De hecho, lo que se recuerda y lo que se registra en la historia, es el encuentro.

El reconocimiento mutuo primó por encima de la guerra y la disputa. Tiene que haber existido un sentido
hondo de comunidad (nosotros) que es capaz de reconocer no solo al otro sino el lugar existencial de su
propia comunidad (su estar-siendo). Algo de lo humano universal se coló en el encuentro.

En ese gesto mutuo, que se muestra y acontece -el fraile que cruza desarmado y el gobernante que decide no matarlo- se produce una suspensión existencial y fenomenológica de la lógica bélica.

Dos hombres, cada uno convencido de su fe, enfrentados no por ellos mismos sino por sus bandos de pertenencia (fraternidades cerradas), enarbolan el poder de la ética comunitaria y se reconocen como interlocutores (fraternidad abierta). Con su actitud, interrumpen por un instante eterno, la maquinaria del odio y de la muerte. Nos traen a colación la posibilidad fáctica del poliedro que propone el Papa Francisco (la unidad en
la diversidad), y también un modelo de paz como el que menciona el actual Papa León XIV: “una paz desarmada y desarmante” (Lema de la Jornada Mundial de la Paz 2026).

La guerra siguió su curso, pero en medio del estruendo de catapultas y plegarias contrapuestas, quedó registrada una imagen insoportable e ineludible para quienes seguimos editando la historia de la humanidad:
el encuentro entre dos hombres sentados frente a frente, dialogando más allá y más acá de todo resultado.

Chiara: la fraternidad y la unidad como método para hacer política

Trento -ciudad donde nació Chiara Lubich- era una frontera geográfica y lingüística. Una región atravesada
por tensiones culturales y políticas y a la vez un lugar donde los pobladores debían buscar formas específicas para relacionarse y comprenderse. Los antepasados de Chiara vivieron durante la hegemonía del imperio austrohúngaro. Su vida comenzó en ese territorio, marcado por la experiencia concreta de la división, aunque con la necesidad fáctica de relacionarse. Esa condición de haber nacido en la “frontera” no fue anecdótica, sino que configuró su sensibilidad social, ética e histórica. La unidad como búsqueda y como vocación propia, la distancia de cualquier propuesta que pretenda la uniformidad. Su visión de la unidad en la diversidad parte de un estar-siendo-diferentes, pero habitando una misma tierra, un mismo territorio.

En medio de la Segunda Guerra Mundial, entre bombas y refugios, transcurren los tiempos fundacionales
de la Obra de María (Movimiento de los Focolares), la experiencia de comunidad que impulsa Chiara junto a otras compañeras, no surge como teoría, sino como necesidad vital.

Cabe señalar que el nombre: “focolares” es atribuido por los vecinos que observan la reunión de comunidades
en torno a la propuesta de Chiara. “Foco” es el lugar donde el fuego calienta el ambiente, o simplemente
el hogar donde se encuentra un calor especial.

La unidad, en los focolares, era un llamado y también una especie de espacio-tiempo existencial para la
supervivencia compartida. Pero es en el año 1949 en el que se produce un “pacto de unidad” entre Chiara y
uno de sus compañeros: Igino Giordani, escritor, periodista, diputado en la Asamblea Constituyente italiana
y conocido en el Movimiento como “Foco”. Giordani ve en la unidad vivida por el Movimiento la realización
concreta de lo que él había buscado como político cristiano. Sin embargo, irrumpe en el año 1948 dentro
del movimiento como un auténtico “otro en tanto que otro”. Mientras las comunidades focolares eran juveniles
y femeninas, él se acerca como padre de familia, político maduro y un intelectual reconocido. El denominado
pacto de unidad es verdaderamente un ejercicio de reconocimiento y anonadamiento para que el
otro tenga lugar. Es un pacto que deriva en una relación sinérgica entre ambos y que expresa, en toda
su hechura, el sentido de la unidad con la que vivió y tal como la comprendió Chiara.

Varias décadas después de ese primer impulso, cuando el Movimiento de los Focolares ya se había expandido por numerosos países, la pregunta por la política que siempre había estado presente, se volvió inevitable: ¿se podía vivenciar esa unidad vocacional en la vida pública? ¿Era posible trasladar esa experiencia relacional de las y los focolares al ámbito del conflicto social (lo público) y de la práctica política concreta? Fue a mediados de los años noventa, en Italia, políticos de distintas pertenencias comenzaron a reunirse con Chiara. El sistema político italiano atravesaba una profunda crisis. La confrontación partidaria había erosionado la confianza pública. En ese contexto, nació el Movimiento Políticos por la Unidad (MPPU) como una rama del Movimiento de los Focolares.

Un Movimiento nacido de la inspiración de la unidad primigenia, del mismo carisma. Sostiene Chiara: “el
Movimiento por la Unidad (…) es pues portador de una nueva cultura política. (…) Cambia el modo de hacer
política: aun permaneciendo fieles a sus propios auténticos ideales, el político de la unidad ama a todos, como
dijimos, y por ello, en cada circunstancia busca lo que une”. Chiara define la política como “el amor de los amores”. Esta afirmación condensa el núcleo de su pensamiento político. La política se comprende como amor social estructurante.

El MPPU se configuró así como laboratorio histórico de esta intuición. Lo que prima para un político por la
entre el conflicto y el ideal de aceptación y consenso. Esto queda comprobado en el mandamiento focolarino
de “amar el partido del otro como si fuera el propio”. Sin perder la identidad ni claudicar en las convicciones,
el político de la unidad comprende que hay un otro que se identifica con otro partido y, por el respeto y el amor a la democracia, elige amar, aceptar y asumir la diversidad en lugar de pretender su eliminación.
Desde esta perspectiva, la fraternidad no es ingenuidad ni neutralización del conflicto. Es método. Método
que integra libertad e igualdad bajo un principio relacional.

La fraternidad se coloca, así, a la par de los otros dos principios del tríptico francés. En efecto, si bien la libertad
y la igualdad han llegado a expresar “frutos de civilización”, la exclusividad con la que se han tratado en algunos momentos de la historia ha llevado o bien en el “privilegio del más fuerte” (exclusivismo de libertad), o bien en el “colectivismo que masifica” (exclusivismo de igualdad).

Reflexión final abierta al diálogo

Por todo lo dicho, la consigna o el lema que elegimos para esta hora es: fraternidad o muerte. No es una
dicotomía más ni una dialéctica cerrada. La muerte es inevitable y justamente por ello, la vida cobra un sentido
especial. Pero por otra parte, la fraternidad -como sostiene Enrique Del Percio- es ineludible. Convivimos con otros y, en algún punto somos hermanos al menos por condición social. Por ello, la fraternidad no puede
resultar meramente un ideal a alcanzar (una utopía, en cierta medida), sino también una metáfora que nos
abre caminos inesperados, inexplicables, poco probables y transformadores como los de Francisco de Asís y
Chiara Lubich. Esos caminos se podrían resumir en la palabra sinodalidad (caminar juntos) que el Papa Francisco
pretendió potenciar en la de la Iglesia Católica en particular, pero que es asimilable por cualquier grupo, colectivo o pueblo que pretende alcanzar de manera poliédrica la felicidad.

Fraternidad o muerte, es un llamado, un grito de unidad que puede o no ser escuchado, pero que está y
nos convoca.

Probablemente en este tiempo de “tercera guerra mundial de a pedacitos”, haya muchos Franciscos y Chiaras
por allí, cruzando la línea invisible de la lógica amigo-enemigo y desbordando el conflicto bélico que nos aqueja y nos agobia. Allí, nos encontrarán: aprendiendo de las y los que le dicen no a la guerra, aunque no por ello dejan de reconocer el conflicto; percibiendo la audacia de las y los que dialogan cuando incluso el diálogo se presenta como imposible; construyendo comunidad con aquellos y aquellas que trascienden toda frontera e intentan vivir la unidad con el lenguaje del amor (de la vida).


Por Matías Mattalini

Ver: https://www.uu.se/en/press/press-releases/2025/2025-06-11-ucdp-
sharp-increase-in-conflicts-and-wars?utm_source=chatgpt.com

Artículo completo publicado en: https://revistacontrafilo.unla.edu.ar/fraternidad-o-muerte-
chiara-y-francisco-dos-experiencias-que-nos-animan-en-tiempos-de-guerra/admin/doc
trina_social_iglesia/

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