Con abril deseamos recorrer un camino que podríamos llamar volver a los orígenes. Podemos preguntarnos, ¿cuáles orígenes? Bien, en primer lugar, a la Escritura. Allí en la Biblia se puede apreciar el significado de la condonación de deudas jubilares. Allí había conciencia de las implicancias de las deudas y su gran peso moral.
También, refiriéndonos a los orígenes, podemos decir que en una potente circulación de los pocos bienes que poseían Chiara Lubich y sus primeras y primeros compañeros todo estaba destinado a la radicalidad de centrar la vida en el Evangelio, por lo tanto, en las hermosas narraciones de los primeros cristianos.
Además, dos realidades que nos convocan, nos llaman a regresar a los orígenes: el Papa Francisco que nos invita a una conversión integral, con lo cual nos ayuda a evitar el riesgo de dividir la vida entre lo espiritual y nuestra forma de vivir la economía; y el carisma del Movimiento de los Focolares que, apelando a la unidad del Dios uno y trino, nos llama a la incansable comunión de los bienes.
Ambos llamados nos exhortan a revisarnos en el orden personal, familiar, comunitario, empresarial; en fin, en todas las direcciones donde se proyecta nuestra vida. A Revisar si estamos situados en esa lógica poderosa de mercado que nos ha hecho creer que todo lo establece y regula, pero que no ha podido demostrarnos la solución a una vida más sincera, llana, ecua, donde se piensa al bien común, donde se busca la felicidad de todos.
En este número, deseamos ofrecerles posibilidades variadas de temáticas, a través de distintos artículos de entrevistas, de testimonios que, desde abajo, desde ese centro de la vida misma, nos dicen: no des vuelta, no te llenes de razonamientos, no te anules en lo que los otros no hacen; vuélcate con decisión en la gran propuesta del Evangelio sobre la cual puedes basar la vida y la lógica de tu familia, fundando tus días y las de tus sucesores como la casa sobre la roca. Vivamos un Jubileo 2025 como un sello que se imprime a fuego en nuestro corazón y nos dice no pierdas la radicalidad de la vida de la Palabra, todo lo demás pasa, pero la Palabra no pasa.
Por Susana Nuin Núñez
