22 de enero: nació Chiara, la mujer que soñó con la unidad fraterna en el mundo

Cada 22 de enero, el mundo celebra el nacimiento de Chiara Lubich (1920-2008). Más que una figura espiritual, Chiara fue una reformadora que propuso la «fraternidad» como una categoría capaz de transformar la sociedad. Su esencia se resume en su propia invitación a vivir la mística de la cercanía:

«He aquí la gran atracción del tiempo moderno: penetrar en la más alta contemplación y permanecer mezclados con todos, hombre junto a hombre.»

A continuación, exploramos sus argumentos centrales apoyados en su propio testimonio de vida:


1. La Economía: Del «tener» al «dar»

Chiara argumentaba que la miseria no se soluciona solo con asistencia, sino con un cambio de estructuras basado en la comunión. Al ver las desigualdades en Brasil en 1991, lanzó la Economía de Comunión.

  • Su testimonio: «No se trata de dar lo que sobra, sino de dar todo. Si todos ponemos en común lo nuestro, no habrá más pobres entre nosotros. La economía debe pasar de la cultura del tener a la cultura del dar.»

2. El Diálogo: La unidad en la diversidad

Para Chiara, el diálogo no era una estrategia diplomática, sino una exigencia del amor que reconoce al otro como un hermano, sin importar su credo o cultura.

  • Su testimonio: «Para amar al otro hay que hacerse ‘uno’ con él, entrar en su alma, en su pensamiento, en su cultura, hasta sentir sus sufrimientos y alegrías como propios. Solo así el diálogo se vuelve fecundo.»

3. La Política: El amor de los amores

Frente a la polarización, Chiara proponía la política como un servicio sagrado. Argumentaba que el político debe amar la ciudad o el partido del otro como el suyo propio.

  • Su testimonio: «La política es el ‘amor de los amores’ porque prepara el campo donde todos los demás amores pueden florecer: el arte, la educación, la salud. El político es aquel que se hace siervo de todos para construir la unidad de la familia humana.»

4. El Sufrimiento: La llave de la unidad

Chiara encontró en la figura de Jesús Abandonado el secreto para superar cualquier división. Para ella, cada dolor era un rostro de aquel que se sintió solo para unirnos a todos.

  • Su testimonio: «Cada dolor, cada división, es un rostro de Él. Si lo abrazamos con amor, ese dolor se transforma en luz y nos da la fuerza para recomenzar la unidad allí donde se ha roto.»

Un Legado Vivo

Celebrar a Chiara Lubich es reconocer que la unidad no es una utopía lejana, sino un trabajo diario que comienza con un gesto sencillo de amor hacia quien tenemos al lado.

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